2 de julio de 2016

El negocio sucio que rodea al lobo

La Guardia Civil ha imputado a 20 ganaderos y guardas forestales por falsificar ataques a las reses para cobrar compensaciones en Asturias
Un grito recorre desde hace años Asturias de cabo a rabo: "¡Que viene el lobo!". Llega y ataca al ganado. Cada año, el Principado de Asturias destina alrededor de un millón de euros para compensar las dentelladas de este animal a las vacas, los caballos, las cabras y las ovejas de esta comunidad autónoma. En 2014 —el último año del que el Gobierno regional ha ofrecido datos cerrados—, los ganaderos de esta región recibieron compensaciones por los daños causados en 4.555 cabezas de ganado. De media, 221 euros por cada animal.
Pero alrededor de este sistema de pago con dinero público para compensar los ataques del lobo existe una sombra de duda. "Llevamos años alertando al Principado de que hay indicios de abusos o presuntos fraudes. Aunque sean minoritarios, encienden la llama del conflicto y ayudan a que el lobo se tome como un chivo expiatorio", sostiene Alberto Fernández Gil, biólogo y miembro de la Asociación para la Conservación y Estudio del Lobo Ibérico (ASCEL). "Aunque no sé cómo de grande es el problema", reconoce Fernández Gil, quien también forma parte del consejo consultivo que supervisa el programa de gestión de esta especie en Asturias.
a Unidad Central Operativa de Medio Ambiente, perteneciente al Seprona de la Guardia Civil, lleva meses siguiendo el rastro de esos presuntos fraudes. Dentro de esta operación ya están investigadas —la antigua figura conocida como imputación— 20 personas en Asturias. Se trata de nueve ganaderos y 11 guardas del medio natural, dependientes del Principado, que presuntamente falsificaron expedientes para cobrar ayudas por ataques de lobo simulados. Los guardas forestales son los encargados de certificar que las marcas que aparecen en las reses son de este cánido.
Las engañifas detectadas pasan, por ejemplo, por la utilización para varios expedientes de una misma fotografía de un ataque real de lobo a una vaca, según detallan fuentes de la investigación. O por la falsificación de firmas de los supuestos afectados.
Xurde Gayol es guarda del medio natural en Asturias. Y habla de la "picaresca" que rodea al lobo en su tierra. "He tenido que denunciar ya a varios ganaderos por estafa", apunta. Él es unos de los encargados de certificar que las muertes que le presentan son verdaderamente por lobo. "A medida que pasa el tiempo es más complicado determinar la causa de la muerte".
"Picaresca hay mucha", admite. Recuerda, por ejemplo, el ganadero que le llamó y le mostró tres vacas fulminadas por un rayo. Quería que le certificaran esos fallecimientos como un ataque de lobo. "Los guardas tienen mucha presión. A mí me han amenazado. Las presiones existen", apunta Gayol.

Parque de Ponga
En el caso abierto por los agentes del Seprona una parte importante de la investigación se ha desarrollado en el parque natural de Ponga, ubicado al sur del Principado, lindando ya con Castilla y León. Los agentes han imputado allí a cinco guardas y cuatro ganaderos. Fuentes de la investigación afirman que se había creado un entramado de forestales y ganaderos para cobrar compensaciones que el Seprona pone en duda. El caso de esa misma foto utilizada en varios expedientes —que se viraba con un pequeño retoque fotográfico para que pareciera otra— corresponde a esta zona de Asturias y a este grupo de guardas.
Según los datos recogidos en el informe elaborado por el Principado sobre el Programa de Actuaciones de Control del Lobo de Asturias 2015-2016, los daños al ganado en la comunidad han aumentado un 26,6% entre 2009 y 2014. Los más afectados son los equinos, que suponen el 36,31% de las 4.555 cabezas que han sufrido algún daño. Este "patrón" de ataques, según este informe, se repite desde la década de los años ochenta del siglo pasado y "tiene que ver con el modo de manejo de este ganado en la región [los caballos se dejan pastar solos en el monte] y la especial vulnerabilidad de los potros".
Pero también con este tipo de animales hay "picaresca". "Algunos ganaderos compran potros sin valor en Galicia y los sueltan en zonas loberas para que les ataquen y cobrar las ayudas, que son más altas de lo que les ha costado comprar el potro", apunta Gayol. Estas prácticas también las está investigando la Guardia Civil.
"Los caballos son los más atacados, pero también los que tienen menos relevancia económica para el ganadero", detalla el biólogo Fernández Gil. "Las vacas, las más valiosas y las más abundantes, están muy poco afectadas", añade. En 2014, 836 cabezas bovinas sufrieron ataques de lobo en Asturias, según el censo del Principado. La menor incidencia en estas reses responde, según este biólogo, a que mantienen un "componente de defensa" que estos animales han perdido en otros territorios.

Doble cobro
La picaresca sobre las ayudas por ataques de lobo no es nueva, afirma Fernández Gil. Recuerda el caso registrado hace un par de años también en Asturias. La fiscalía especializada en medio ambiente acusó entonces a cerca de 200 ganaderos de una estafa relacionada con las indemnizaciones. "Fue una empresa de seguros ganaderos la que alertó", rememora. "Cobraban doble por la muerte de una res". Primero presentaban el fallecimiento ante la aseguradora para recibir esa indemnización. Luego, sin avisar de que ya habían dado ese paso, registraban la reclamación ante el Principado para que se les compensara por un ataque de lobo.
"Aquí se paga todo, no se hacen preguntas", se queja Gayol. "Y, como el lobo no tiene sindicatos que lo protejan, es el que acaba pagando", ironiza este guarda del medio natural.

RECHAZO SOCIAL
Ocurrió el 30 de mayo. En una carretera, a la altura de la localidad asturiana de La Doriga, apareció colgada de una señal de tráfico una cabeza de lobo. Era algo parecido a una advertencia. El rechazo a este animal es muy alto entre algunos colectivos, que reclaman más batidas de las Administraciones para reducir las poblaciones. "No hay evidencias de que los controles [a través de la caza] estén minimizando los daños achacados a los lobos", sostiene el biólogo Alberto Fernández Gil.
En su informe sobre el programa de control de esta especie, el Principado de Asturias reconoce que "resulta difícil medir la conflictividad social". Pero añade: "El lobo es un tema recurrente en los medios de comunicación escritos regionales".